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domingo, 12 de agosto de 2012

¿quien murió? INTERPRETACIÓN


LA ÚLTIMA VISITA
En la madrugada siempre recordaba su exagerada y sensual silueta era una extasiante droga que me ensimismaba en el abismo de mis peores pecados, en la decadencia de mi pensamiento, todas las noches la imaginaba escurriéndose en mis manos llenas de pasión, incitándome a ser perfecto, a ser pueril bajo su amplia experiencia, es que bajo esa infernal  luz roja se acentuaban sus descomunales senos, sus infinitas piernas, me fascinaba su compañía, aunque fuera la  única que tenia, mi espantoso aspecto no la alejaba, no la estremecía, solo se encantaba con cada una de mis preciosas monedas, así es como yo sabía que me amaba, que me deseaba, veía mi reflejo en el oro que la adornaba, esa sedosa y lasciva piel, siempre mostrándome un gesto halagador, encantador aunque siempre era el mismo, su rostro nunca se inmutaba, era una ninfa de pocas, casi ninguna palabra, me bastaba la melodía de sus alaridos cada vez que se perdía en mis sórdidas fantasías, pero siempre me preguntaba ¿entre cuantos tengo que dividir a su escultura?, la cantidad de labios invadiendo su cuerpo debía ser infinita, incontable, al menos en las noches llenas de ginebra aquellas que su cabeza no contaba, aquellas no impregnadas en ese desordenado diario, detestable olores perfumando su perfecto cuerpo, no sabía cómo sacarme de la cabeza tanta impotencia.


Quien más para entender la miseria de mi existencia que aquella vulgar mujer de sonrisa simulada pero encantadora, como me gustaba observarla, solamente poder hacerlo yo, desnudarla con mi mente y hacerlo realidad con mis manos temblorosas, violentas pero apasionadas, cada noche era igual, vivía como la última de una enorme lista de madrugadas recitadas en el erótico y enfermo pensamiento que me invadía, sin pensarlo un segundo más me había enamorado de aquella puta engalanada de placer, mi sentimiento era puro, envolvente se había transformado en locura, en un cuadro inmortalizado de sentimientos, porque así vivía solo para sentir todo por ella, ya no me bastaba con su cuerpo, anhelaba capturar su alma, encerrarla en mi enferma mirada tenerla cerca de mí y dentro de mi toda la vida, ser su vida.


Ella empezó a entretenerse con mi cordura, me evitaba, yo sabía que lo hacía por excitarme, que no podía imaginarse en su lecho sin mi amor, sin mis sádicas caricias, en el fondo era tan enferma como mis sueños comunes, pero incluso aquel circulo de jugarretas me empezó a inquietar.

En medio de la noche recogí todas mis fotografías junta a su lacerado cuerpo, bebí el más solemne de mis licores, al fin había despertado de aquella seductora pesadilla, no era correcto continuar viviendo en la decadencia, debía actuar contra el caprichoso laberinto de la vida, no iba a permitir que siguiera burlándose de nuestro amor, entonces decidí entrar a aquel burdel, entre los escandalosos vestidos, las estridentes luces y los patéticos clientes de aquella madrugada, me perdí entre la niebla de su tabaco, al fin la encontraba, con esa dulce e insinuosa expresión, tal como la recordaba, prefería inmortalizar su rostro en mi mente así quería guardarla para siempre, con el sudor recorriendo mi frente, con la palidez de mi espantoso rostro decidí mirarla a los ojos por primera vez, no me había equivocado la amaba y con la mano temerosa tome un respiro y hale del gatillo.

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