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miércoles, 17 de julio de 2013

SIN ATADURAS...

... corría, corría como nunca lo había hecho antes. Pareciera que la Tierra, y no solo ella, sino también el universo se detenían bajo sus pies; pues ahora él los gobernaba. Corría sin ataduras; nunca volvió la vista atrás y sus ojos eran tan penetrantes como los del cazador asechando a la presa. Pero su mirada a la vez denotaba humildad y un derroche de alegría, incluso me atrevería a decir: fe. Sus pasos eran firmes y llenos de convicción al igual que su cabeza erguida que expresaban su determinación.


La gente lo veía como cuando se ve a un payaso que acababa de iniciar su acto; ya empezaba a entretener a la muchedumbre. Él no era más que un harapo de ropas viejas y sucias, con el cabello todo alborotado y lleno de polvo, su rostro se veía envejecido y curtido por la inclemencia del clima y de su empresa. Se lo veía cansado, aunque el atardecer lo cubría con un manto naranja que lo volvía invencible, incansable e inmortal.

El simplemente corría sin parar; pero no era como si alguien lo persiguiera; no huía, pues su rostro aunque agotado por el esfuerzo no expresaba miedo. - Tenías que ver sus ojos. Esos ojos capaces de hablar sin la necesidad de palabras. Él perseguía un sueño, no sé si cercano o lejano. - ¿Acaso eso importa? ¿Le importaba a él?. Esa cabeza erguida y esos ojos aunque un poco saltones y algo graciosos gritaban que no. Él simplemente corría tras un sueño, un sueño que no pensaba dejar escapar.

Todos lo veían y se burlaban de tan gracioso atleta. Menos uno, un chico descuidado y absorto en su propio universo, ese mundo mágico de la música; de sus acordes, sus formas, sus sombras y silencios. Era uno de esos que simplemente tararea la canción pues no entiende lo que escucha y de hecho no le importa. Era uno de esos que esconde sus oídos del mundo, los aísla y se deja atraer a las sombras de un mundo inexistente, o que más bien solo existe en su cabeza; pues solo busca alejarse de todo lo que lo rodea. No con más que con unos audífonos de diez dólares y con una mente dispuesta a divagar por la imaginación creando formas y colores que no existen; es de esos que miran sin mirar. Ese era yo.


Yo que sin mirar vi, a eso pobre y agotado atleta que corría sin dudar, sin remordimientos, sin mirar atrás; corría sin miedos. Él no huía de nadie, ni siquiera de sí mismo. El perseguía un sueño; pero nadie lo entendía. Ya llevaba diez minutos frente a un metrovía colmado de gente; gente desconocida pero que se odia, que entrecruzan sus alientos, que se sofocan se tocan y detestan; pero que al mismo tiempo compartían la misma y extraña ilusión al observar a tan incansable atleta. Ese que corría sin razón frente a un metrovía atiborrado de gente.


Ellos no lo entendía pues sus ojos solo ven lo superfluo de la situación, sus ojos y no solo ellos, sino también todo su cuerpo está limitado, incapacitado. Pues ya olvidaron a observar con el pensamiento; la rutina y la costumbre los ha cegado. Pero esta extraña ilusión, este ente ha llamado su atención. Algunos incluso se arriesgan a anticipar su muerte cual Nostradamus, pues la razón les dice que correr sin mirar atrás en medio de una de las vías más transitadas de la ciudad, a esa hora, en ese día es una muerte segura. Y fue así como aparece la manada, gente que ni siquiera se atreve a verse a los ojos, sino que más bien se juzgan por la marca de zapatos que traen; ahora tienen la misma idea, el mismo pensamiento, el mismo augurio de muerte. Todos ellos mataron a quien para mí es solo un soñador.

- Pero yo no, ¡no lo acepto!. Y que importancia tiene vivir o morir si no son más que simples estados, niveles que el espíritu experimenta. Son cosas inevitables. - ¿Por qué debería limitarme a ver lo que todos ven? ¿qué importaría que este incansable atleta con un único objetivo en su mente muera intentándolo? - Si no estuvieras dispuesto a arriesgarlo todo por lo que crees, por lo que quieres ¿qué valor tendría tu vida? ¿qué significado? ¿podrías vivir aún sabiendo que renunciaste a lo que más querías?. - Yo creo que NO. En la vida solo se necesitan dos cosas: pan para tener de que vivir, y una rosa para tener porque vivir. - ¿Cuál era la rosa de este atleta? ¿qué buscaba? ¿por qué a pesar del deplorable estado físico que demostraba, sus ojos mostraban un espíritu invencible, lleno de vida?. - ¿Por qué la gente mata a los soñadores, cuando corren tras sus sueños? ¿será que tienen miedo?

- No lo sé, quizá sí, quizá es solo miedo. Y cuando se encuentran con alguien que no los tiene se asustan y lo tachan de ridículo. O quizá solo estoy intentando justificar su praxis. O quizá solo fueron esos ojos que al cruzarse con los míos me enfrentaron y se mezclaron con mi pasado; me lo recordaron. Era ese mismo brillo que ya en un pasado mis ojos emanaban y que en ese espejo medio roto y medio sucio me desafiaban y aterraban. Ese atleta incansable era yo, un yo pasado que afrontaba a mi yo presente. Era ese yo andrajoso y sin fuerzas; pero aún así con un brillo y un espíritu inagotable, lleno de vida, lleno de sueños.

Ese atleta era yo; ese perro callejero sin nombre ni rostro, que era la mofa de todos; nada más que un perro mugriento, al que todos ya lo tenían por muerto; ese era yo. Era yo SIN ATADURAS, ERA YO PERSIGUIENDO UN SUEÑO.


:Panch0:


Pd. Al fin volví a escribir algo, algo que sin duda no vale la pena leerlo... Igual mañana me largo al Tungurahua, ojala y pueda ver un lahar... jajajaja... aunque no me gustaría ser parte de él... :D




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