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viernes, 5 de agosto de 2011

VIERNES CUCHILLERO: SOL Y LUNA

SOL Y LUNA: AKASH



Eres algo especial una sensacion indescriptible
en las noches naufrago en tus sueños
y mi mente se aleja de la razon

Me has convertido en un ser inerte y de papel,
como esos sueños que nacen y se mueren
al amanecer te llevaste mi vida
y mi amor tambien dejaste impregnado en mi
tu aroma de mujer infiel

No encuentro la manera de escapar de esta prision
y nada mas volver a empezar
dejame mi mente inquieta vuela
como una estrella marinal
q se pierde con los rayos de un sol
q vuelve a levantar

uouoeee tu tan solo tu fuiste esa estrella
q mis ojos vieron brillar cuando en mi vida
todo era oscuridad no hay nada o nadie quien pueda
opacarte solo tu y a cada instante
te llevo dentro de mi corazon

te llevate mi vida y amor tambien dejaste impregnado
en mi tu aroma de mujer infiel no encuentro
la manera de escapar de esta prision
y nada mas volver a empezar dejame mi mente
inquieta vuela como una estrella marginal
q se pierde con los rayos de un soly vuelve a levantar

domingo, 31 de julio de 2011

LUZ DEL DOMINGO XXVI

La «Santísima Trinidad»: el misterio que nos vino de Oriente

Cuando el teólogo católico Hans Küng se cuestiona la razón por la que la Trinidad no aparece como artículo de fe en el Credo, se responde a sí mismo: «La investigación histórica aporta, en efecto, un resultado curioso: la palabra griega trias aparece por primera vez en el siglo II (en el apologista Teófilo), el término latino trinitas, en el siglo III (en el africano Tertuliano), la doctrina clásica trinitaria de "una naturaleza divina en tres personas" no antes de finales del siglo IV (formulada por los tres padres capadocios Basilio, Gregorio Nacianceno y Gregorio de Nisa). La festividad de la Trinidad —que tuvo su origen en Galia y que en un principio fue rechazada por Roma como "celebración de un dogma"— no fue declarada de obligatoriedad general hasta 1334, en la época del destierro de Aviñón, por el papa Juan XXII.
»Ahora bien —prosigue el teólogo—, nadie que lea el Nuevo Testamento puede negar que en él se habla siempre de Padre, Hijo y Espíritu; no en vano reza la fórmula litúrgica bautismal del evangelio de Mateo: "En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo" (Mt 28,19). Pero la totalidad de la cuestión es saber cómo están relacionados entre sí el Padre, el Hijo y el Espíritu. Y, curiosamente, en todo el Nuevo Testamento no hay un solo pasaje donde se diga que Padre, Hijo y Espíritu son "de la misma esencia", o sea, que poseen una sola naturaleza común (pbysis, sustancia). Por lo tanto no hay que extrañarse de que el Símbolo de los Apóstoles no contenga ninguna afirmación en ese sentido.
«Tenemos que hacer el esfuerzo de pasar revista al Nuevo Testamento —añade Küng—, que aún está arraigado en el judaismo y que, en muchos aspectos, se halla más cerca de nosotros. Entonces nos daremos cuenta en seguida de que, en el Nuevo Testamento, Padre, Hijo y Espíritu Santo son tres magnitudes muy diferentes que no aparecen meramente identificadas, de modo esquemático-ontológico, a una naturaleza divina. Y de un "misterio central" o de un "dogma fundamental", según el cual" tres personas divinas " (hipóstasis, relaciones, formas de ser...), es decir, Padre, Hijo y Espíritu, tienen en común "una naturaleza divina", Jesús no dice absolutamente nada.»
Ni Jesús, ni los apóstoles ni la Iglesia cristiana de los primeros siglos tuvieron la más mínima idea de que Dios fuese trino; cosa normal, por lo demás, ya que ninguno de ellos vivió los siglos suficientes como para poder asistir a las calenturientas deliberaciones de los concilios en los que se fabricó el dogma trinitario.
Según el Catecismo católico vigente, «la Trinidad es una. No confesamos tres dioses sino un solo Dios en tres personas: "la Trinidad consustancial" (Cc. Constantinopla II, año 553: DS 421). Las personas divinas no se reparten en la única divinidad, sino que cada una de ellas es enteramente Dios: "El Padre es lo mismo que es el Hijo, el Hijo es lo mismo que es el Padre, el Padre y el Hijo lo mismo que el Espíritu Santo, es decir, un solo Dios por naturaleza" (Cc. de Toledo XI, año 675: DS 530). "Cada una de las tres personas es esta realidad, es decir, la sustancia, la esencia o la naturaleza divina" (Cc. de Letrán IV, año 1215: DS 804)».
La doctrina católica aún vigente, por tanto, mantiene que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son tres personas que comparten la misma sustancia (ousia) y la misma energía (energeia), pero antes —al igual que ya vimos en el capítulo 6, al tratar la cuestión de la consustancialidad—, los defensores de esta tesis tuvieron que luchar violentamente contra quienes mantenían posiciones teológicas contrarias. El problema fundamental, que era establecer el tipo de jerarquía que definía las relaciones entre las tres personas, tuvo enfoques muy diversos; así, por ejemplo, el subordinacionismo postuló que Cristo era inferior al Padre; el pneumatomaquismo que el Espíritu Santo era inferior al Padre y al Hijo; el modalismo que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo eran una sola persona con tres nombres distintos; el patripasianismo que, dado que Cristo era Dios, el Padre también había sufrido y muerto en la cruz con él, etc.
En el concilio de Nicea (325) se presentaron más de veinte evangelios que sugerían planteos trinitarios, pero todos fueron declarados falsos excepto el de Juan. La mayoría de obispos votó en favor de la doctrina de la Trinidad, pero otros muchos se opusieron a ese escándalo y en el concilio de Antioquía (341) la inspiración divina se rectificó a sí misma y negó lo proclamado en Nicea, aunque luego otro concilio mantuvo lo contrario y así sucesivamente hasta que se impuso el dogma actual.
La Trinidad es definida por los teólogos como el misterio fundamental de la fe cristiana y es presentada como ejemplo del verdadero misterio en su forma absoluta, es decir, de una verdad de la que el hombre no puede tener certeza sin la fe en una revelación divina y cuyo contenido él no puede comprender directamente, sino sólo indirectamente mediante un procedimiento analógico, pero lo que resulta altamente misterioso y, sobre todo, revelador, es que el testimonio principal de la triple personalidad de Dios sea un solo versículo —Mt 28,19—, absolutamente sospechoso, del fantasioso y manipulado Evangelio de Mateo.
Cuando en Mateo se hizo aparecer al Jesús resucitado en Galilea —pasaje que también figura en Mc 16,15-18, aunque relatado en unas circunstancias y con un mensaje absolutamente diferentes—, se le hizo decir: «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra; id, pues; enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28,19). Resulta obvio que se menciona a tres personas diferentes, pero también salta a la vista que no hay el menor indicio de que puedan ser la expresión de una sola, ni de cómo se relacionan entre sí, ¿dónde está, pues, la Trinidad del dogma católico?
En cualquier caso, y suponiendo que se trate de tres dioses, lo único que dice la frase de Mateo es que se debe bautizar en nombre de esas tres divinidades, una afirmación absurda ya que sería terriblemente blasfema en labios de un judío monoteísta como Jesús. Por otra parte, ¿cómo es posi ble que una revelación tan fundamental no tuviese más cabida en los sinópticos que este escueto versículo de Mateo? ¿Es razonable pensar que la inspiración de Dios le negase tamaña revelación a Marcos, que escribió su evangelio según los recuerdos de Pedro, nada menos?
El quid del misterio no es difícil de desentrañar, puesto que, a juzgar por su estructura y naturaleza, resulta obvio que el texto de marras fue un añadido posterior; la mayoría de los especialistas independientes sostienen que el evangelio de Mateo original termina en Mt 28,15 y que los cinco versículos que conforman su capitulito final son una interpolación.
Cabe preguntarse, por ejemplo, la razón por la que la base trinitaria se añadió a Mateo, pero no a Marcos o Lucas, y respuesta es una mera cuestión de geografía y de mitos locales, veamos: el texto de Mateo —año 90— se escribió (y se reelaboró con posterioridad) en Egipto, zona influenciada por la misma cultura oriental en la que, no por casualidad, vivieron los artífices del dogma trinitario —Teófilo, Tertuliano, Basilio, Gregorio de Nisa (hermano de Basilio) y el compañero de ambos Gregorio de Nacianzo—, pero, en cambio, los evangelios de Marcos —año 75-80— y Lucas —final siglo I— se redactaron en Italia, dominada por un impulso cultural occidental diferente y una mentalidad religiosa menos florida que la oriental (ya mencionamos que la fiesta de la Trinidad fue rechazada por Roma hasta el siglo XIV). Las sociedades orientales eran ricas en antiguas tradiciones religiosas trinitarias y el cristianismo, como ya hemos visto, elaboró buena parte de sus mitos fundamentales en sus Iglesias de Oriente.
Si repasamos la historia de las religiones precristianas veremos que en casi todas ellas era absolutamente corriente la idea de la trinidad divina. Los panteones trinitarios fueron ya una de las características de la religión del Antiguo Egipto desde unos tres mil años antes de la aparición del cristianismo, así, el sistema cosmogónico menfita se componía de la tríada Pta (creador de dioses y hombres), Sejmet (esposa) y Nefertem (hijo); la tríada tebana, de Amón, Mut (esposa, diosa del cielo) y Jonsu (hijo); la tríada osiríaca de Osiris, Isis (esposa) y Horus (hijo); contando también con otras trinidades menos influyentes como Knef, Fre y Ftah, o Jnum, Anukis y Satis, etc.
El antiguo dios egipcio Amón, por ejemplo, era venerado bajo el aspecto de Nouf (Noum o Chnoufis, en griego), que personificaba su poder generador in actu, y como Knef (o Chnoumis), personificación del mismo poder inpotentia. En ambos casos era representado como un dios con cabeza de carnero, y si como Knef simbolizaba el Espíritu de Dios (equivalente en alguna medida al Espíritu Santo cristiano) con la ideación creadora que incuba en él, como Nouf era el ángel que entraba en la carne de la Virgen para nacer como divinidad. En un antiquísimo papiro egipcio —traducido por el egiptólogo Chabas— se encuentra una plegaria que resulta todo un adelanto ideológico del modelo de Trinidad cristiana que lo imitará muchos siglos después: «¡Oh Sepui, Causa de existencia, que has formado tu propio cuerpo! ¡Oh Señor único, procedente de Noum! ¡Oh sustancia divina, creada de ti mismo! ¡Oh Dios, que has hecho la sustancia que está en él! ¡Oh Dios, que has hecho a su propio padre y fecundado a su propia madre!»
Los babilonios y caldeos (c. 2100 a.C.) veneraban los cuatro grandes dioses o Arbail, formados por tres divinidades masculinas y una femenina que era virgen, aunque reproductora. Esta primitiva trinidad estaba integrada por Bel («Señor del Mundo», Padre de los dioses, Creador), Hea (forjador del Destino, Señor del Abismo, Dios de la Sabiduría y del Conocimiento) y Anu («Rey de Angeles y Espíritus", Gobernador de los cielos y la tierra). La esposa de Bel, o su aspecto femenino era Belat o Beltis («Madre de los grandes dioses»).
Según la Teogonia de Hesíodo (siglo VIII a.C.), la primitiva trinidad helénica estaba compuesta por Ouranos (Urano), Gaea y Eros. Ouranos, equivalía a Coelus (Cielo), el más antiguo de todos los dioses y el padre de los titanes divinos. Gaea era la Materia primordial, la Tierra, la esposa de Ouranos (el firmamento o cielo). Eros era el dios que personificaba la fuerza procreadora de la Naturaleza en su sentido abstracto, el impulsor de la creación y la procreación.
La Trimürti o trinidad hindú está compuesta por Brahmá, Vishnú y Shiva; y la sílaba más sagrada del hinduismo AUM — la A y U se combinan para formar una O, por lo que también se la conoce como OM — , es el emblema de la Divinidad o más bien de la Trinidad en la Unidad, ya que representa a Brahma, el Ser supremo, en su triple condición de Creador (Brahma, A), Conservador (Vishnú, U) y Renovador (Shiva, M). Una tríada más antigua, de origen persa, fue la de Varuna, Indra y Naatya.
En fin, podríamos seguir referenciando otras muchas trinidades divinas paganas, pero lo sustancial del hecho de su cotidianeidad precristiana es que, al igual que sucedió cuando hubo que conformar los atributos míticos del Jesús-Cristo, el poso cultural que habían dejado más de dos milenios de creencias trinitarias influyó decisivamente a la hora de construir un misterio central para la entonces aún joven religión cristiana.
Cuando la idea del dogma trinitario, desconocido como tal para los cristianos de los primeros siglos, fue ganando terreno y posibilidades, alguien — según era inveterada costumbre en la época — añadió unas pocas líneas al texto egipcio de Mateo; así debió aparecer, con mucha probabilidad, el versículo de Mt 28,19, pedestal sobre el que aún se sostiene uno de los «misterios escondidos de Dios, que no pueden ser conocidos si no son revelados desde lo alto». Mientras, en Italia, los documentos de Marcos y Lucas permanecieron a salvo de lo que sin duda fue una modernez teológica oriental, por eso no hay en ellos ni rastro del fundamental misterio de la Trinidad. En el concilio de Nicea —donde se aprobó la consustancialidad de Jesús con Dios— Mateo fue declarado texto auténtico e inspirado, junto al de Marcos y Lucas... y el de Juan.
El Evangelio de Juan había sido escrito, a finales de la primera década del siglo II, por Juan el Anciano, un griego que tuvo la desfachatez de hacer que el Jesús de su evangelio se expresase como si fuese un heleno antijudío, que le hizo identificarse con el Padre (una presunción que horrorizaría al propio Jesús de los sinópticos) y que, en consecuencia, a partir de algunas afirmaciones inspiradas y supuestos dichos atribuidos a Jesús, dejó plantada una semilla que ayudaría a decantar la teología posterior hacia planteos progresivamente trinitarios.
El Jesús de Juan se caracteriza por hacer manifestaciones que son obviamente apócrifas, puesto que en los tres evangelios sinópticos —que, a pesar de todo, estaban más próximos al nazareno en tiempo y vivencias históricas— se le muestra con una personalidad y un mensaje diametralmente opuesto al que tiene en este texto. Así, en el cuarto evangelio se afirma sin ambages que Jesús es el «Hijo de Dios» o «Verbo encarnado» (Jn 1,14-18; 3,16), se le hace asumir mediante sus propias palabras la consustancialidad con Dios (Jn 10,30) y la continuidad de su obra por parte del Espíritu Santo (Jn 14,26), etc. El Jesús del Evangelio de Juan es, sin lugar a dudas, infinitamente más místico, hermoso y complejo como elaboración milico-religiosa— que el de los otros tres evangelios, pero también es infinitamente menos histórico o, lo que es lo mismo, resulta infinitamente más falso.
No será ninguna sorpresa si recordamos que Juan el Anciano vivió y escribió su Evangelio de Juan en Asia Menor. La Santísima Trinidad, sin duda alguna, fue un misterio que nos vino de Oriente.

sábado, 30 de julio de 2011

PARA CUANDO TE ROBEN EN UN CAJERO

Leyendo un poco esta mañana me tope con un articulo interesante sobre que hacer en caso de sufrir un robo en un cajero automático, y reza:
En el cajero automático, si se está produciendo un robo, se debe notificar a la Policía sin alertar al delincuente marcando la clave al revés: por ejemplo, si el número clave es 1234, se tiene que marcar al revés, o sea 4321.

El cajero reconoce que el número clave está marcado al revés del que corresponde a la tarjeta colocada en la máquina. La máquina hará la entrega del dinero, pero la
Policía ya tendrá conocimiento.
 Me parece muy interesante el tip, solo que en mi caso primero debería pedirle al delincuente que me deposite algo en la cuenta pues ando chiro, segundo: cuando me pongo nervioso no puedo ingresar bien los números así que si intento ingresar mi clave al revés mas seguro es que me equivoco y el cajero se traga mi tarjeta y el ladrón me va sacando la pucta, tercero: ¿y qué si los chapas se enteran de que te estan robando?!!! si lo mas seguro es que el robo es de noche en uno de esos cajeros bien solitarios cerca de los chongos (..me han contado) y hasta que lleguen los cerdos ya te medio mataron o los pacos mierdas se perdieron y para cuando lleguen ya el choro se habra ido con tu dinero ha pegarse un punto en lugar de vos (moraleja: no dejes para mañana lo que puedes culear hoy...), y cuarto: aunque es un tecnicismo, pero mi espiritu ingenieril que no deja de lado ninguna variable me obliga a pensarlo, qué pasa con las claves que son iguales al revés? ej: 4334,1221, 2552 etc.. o un caso más patetico 1111 (verga ya me toco cambiar mi clave), ¿qué chucha pasa ahí? el cajero como sabe que tu clave esta bien o al revés?, lo más seguro es que en ese caso si vienen los chapas y te van sacando la pucta y al menos a mí que tengo cara de ladrón.
                            a esta pelada yo si le robaría todo....
 
Me cago en este sistema, ya me hizo emputar y no me canso de mentarle la madre al que se lo ingenió , que de seguro es otro ingeniero, mejor pongan unas cámaras para que alguien monitoree esas huevadas de cajeros que además a veces no dan bien el dinero, y aunque las cámaras tampoco resuelvan nada, al menos los videos servirían para que te hagas famoso en esos programas vergas de "Sorprendente" o "eCUADOR iNSÓLITO" y el páis vea como te vieron la cara de pendejo....

Bueno, ya me saque este molesto sentimiento al ver este sistema de solución ante la delincuencia, no me hagan empezar con el caso de robo de celulares.....en fin mejor voy al cajero a poner mi clave simétrica a ver qué pasa y luego les cuento.....

LOS ESCUPIO: JUAN 

viernes, 29 de julio de 2011

VIERNES CUCHILLERO: UN MAR DE ESTRELLAS

UN MAR DE ESTRELLAS : WARCRY



Amanece y sentado junto al mar
la mirada fija en la inmensidad
esbozando una sonrisa
imaginando no despertar
hubo un tiempo en le que el hombre fue feliz
disfrutando cada día su existir
ella era toda su vida
su principio y su fin

Y aunque el mar se la llevo, el aun oye su voz

susurrándole frases de amor
cada día se le ve, sentado al amanecer
esperando verla volver

Un deseo cada amanecer

y un lamento cada atardecer
esperando, deseando que la muerte
venga pronto a por él



Mas un día, ya no apareció

en la playa ya no se le vio
ya por fin esta contento
la muerte se lo llevo

Y en el cielo se les ve

casi hasta el amanecer
por fin juntos otra vez
se reflejan sobre el mar
al llegar la oscuridad
y as lagrimas ya no volverán

lunes, 25 de julio de 2011

PARA LA REFLEXIONAR "II"

"Tener menos, para tenerme más" Facundo Cabral


:P@nChO:

domingo, 24 de julio de 2011

LUZ DEL DOMINGO XXV

El Credo, una profesión de fe que el propio Jesús rechazaría

El Credo, profesión de fe básica del cristianismo, no fue elaborado por Jesús ni tampoco por sus discípulos. La fórmula más antigua conocida, el Symbolum breve, procede de los años 150-180 y decía: «[Creo] en el Padre omnipotente; y en Jesús Cristo, Salvador nuestro; y en el Espíritu Santo Protector, en la santa Iglesia, y en la remisión de los pecados»; estas cinco creencias básicas le eran expuestas a todo candidato al bautismo para que las aceptara formalmente.
Será oportuno hacer una consideración previa acerca del propio concepto que subyace detrás de la palabra «credo». Tal como lo conocemos, el Credo es una profesión de fe que implica creer en los artículos que proclama sin razonarlos, pero, en su origen, el contenido básico del texto estaba recogido bajo el concepto de pisteyo, que significa «formarse una opinión acerca de», es decir, todo lo contrario de lo que promueve la fe. Mientras pisteyo implicaba formarse una opinión mediante la razón (el trabajo intelectual de comprensión) y la comunicación experiencial que se derivaba de los símbolos enunciados en un contexto cultural y cultual determinado, credo —su «traducción» latina— fuerza a creer acrí-ticamente y al pie de la letra (eso es sin comunicación experiencial) el texto ofertado.
Con el paso del tiempo y la intervención de diferentes teólogos, el símbolo inicial fue ampliándose progresivamente con la inclusión de nuevos artículos (hasta los doce actuales). En este proceso fueron clave las luchas teológicas previas a la definición y proclamación de la divinidad de Jesús —un cuadro que ya dibujamos en el capítulo 6—, puesto que este texto acabó siendo, precisamente, el resumen de la ortodoxia doctrinal que resultó ganadora, por votación mayoritaria de los obispos, en el concilio de Nicea (325).
De hecho, el nombre de Symbolum Apostolorum (Símbolo de los Apóstoles) no apareció hasta alrededor del año 400, no se confeccionó una versión completa del Credo hasta el siglo V, y no fue hasta el siglo X cuando, por mandato del emperador Otón el Grande, se introdujo en Roma como símbolo del bautismo, sustituyendo entonces al credo niceno-constantinopolitano.
El Credo aprobado en el concilio de Nicea y luego reformado en el de Constantinopla (381) había incluido elementos específicos que le hacían distinto de los textos que le precedieron y, en aspectos importantes, también del que ha llegado hasta hoy. Después de grandes discusiones, en ambos concilios, el Symbolum Nicaeno-Constantinopolitanum quedó fijado en el texto que sigue:
«Creemos [Creo] en un solo Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Y en un solo Señor Jesús Cristo, Hijo de Dios, nacido del Padre [Hijo unigénito de Dios. Y nacido del Padre] antes de todos los siglos. [Dios de Dios, luz de luz], Dios verdadero de Dios verdadero. Nacido [Engendrado], no creado, consustancial con el Padre, por quien todo fue hecho. Que por causa de los hombres y de nuestra salvación [por causa de nuestra salvación] descendió del cielo. Y fue encarnado por el Espíritu Santo en María Virgen y hecho hombre. Fue crucificado por nosotros bajo Poncio Pilato [padeció] y fue sepultado. Y resucitó al tercer día [según las Escrituras], ascendió a los cielos, y está sentado a la diestra del Padre, y vendrá de nuevo con exaltación a juzgar a vivos y muertos: cuyo reino no tendrá fin. Y en el Espíritu Santo, Señor y vivificador, que procede del Padre [que procede del Padre y del Hijo], que es adorado y glorificado juntamente con el Padre y el Hijo, el cual habló por los santos Profetas [por los Profetas]. Y en una Iglesia santa católica y apostólica. Confesamos un solo bautismo para la remisión de los pecados. Esperamos [Y espero] la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.»
La Iglesia católica defiende su Catecismo empleando una cita procedente de san Cirilo de Jerusalén: «Esta síntesis de la fe no ha sido hecha según las opiniones humanas, sino que de toda la Escritura ha sido recogido lo que hay en ella de más importante, para dar en su integridad la única enseñanza de la fe. Y como el grano de mostaza contiene en un grano muy pequeño gran número de ramas, de igual modo este resumen de la fe encierra en pocas palabras todo el conocimiento de la verdadera piedad contenida en el Antiguo y el Nuevo Testamento», pero lo cierto es que el Credo fuerza en muchos aspectos el sentido de las Escrituras y obliga a creer en algunos artículos de fe que no tienen la menor base neotestamen-taria.
Por otra parte, la afirmación anterior de que «esta síntesis de la fe no ha sido hecha según las opiniones humanas», queda muy pronto en entredicho si nos tomamos el trabajo de comparar, por ejemplo, el texto inicial del Symbolum breve y el del primitivo Symboli Apostolici —que reproduciremos en la página siguiente—, con los artículos de fe que aparecen en el ya muy elaborado Symbolum Nicaeno-Constantinopoli-tanum, y con los del Credo de la Iglesia católica actual. Salta a la vista que los diferentes intereses personales y doctrinales que, durante los primeros siglos, lucharon por hacerse con el control de la Iglesia, fueron dejando su huella en las sucesivas elaboraciones del texto del Credo católico. A continuación señalaremos algunas de las notables diferencias que existen entre los diversos Symbolum.



 
       
Si confrontamos estos dos textos y el Symbolum Nicaeno-Constantinopolitanum, veremos que aparecen diferencias de concepto y añadidos de bulto en la versión del Credo reformado que está actualmente vigente en la Iglesia católica.
Hemos remarcado en cursiva los conceptos relevantes que han desaparecido de los textos más antiguos y/o que han sido añadidos con posterioridad.
Una primera traición al espíritu original del texto de la declaración tuvo lugar cuando se tradujo como omnipotens (todopoderoso) el atributo divino que en el texto griego original figuraba como pantokrátor (dominador de todo), que implica una diferencia abismal en la concepción de la figura de Dios.
Tal como afirma el gran teólogo católico Hans Küng, pantokrátor «no expresa ante todo el poder creador de Dios, sino su superioridad y su inmenso poder operativo, al que no se opone ningún principio, de género numinoso o político, ajeno a él. En la traducción griega de la Biblia hebrea se utiliza esta palabra para trasponer el término hebreo Sabaoth ("Dios de los ejércitos"), mas en el Nuevo Testamento —salvo en el Apocalipsis (y en un pasaje de Pablo)— esto llama la atención, se evita su empleo. Pero después, en la patrística, ese atributo divino pasó a ser expresión de la exigencia de universalidad del cristianismo en nombre del
Dios único, y en la Escolástica se convirtió en objeto de muchas especulaciones sobre lo que Dios puede y (por ser en sí imposible) no puede.
»Cuando se siguen proclamando constituciones de Estados modernos "en nombre de Dios todopoderoso", no sólo encuentra así una legitimación el poder político sino que al mismo tiempo se fija un límite a la absolutización del poder humano. Sólo una fe razonada en Dios es una respuesta, con fundamento último, al "complejo de Dios" (Horst Eberhard Richter), al delirio de omnipotencia del hombre. Por otra parte, en el credo (y en muchas plegarias oficiales) podrían anteponerse al predicado "todopoderoso", tomando como fuente el Nuevo Testamento, otros atributos más frecuentes y más "cristianos": Dios "sumamente bondadoso" o también (como en el Corán) "sumamente misericordioso". O simplemente "Dios amoroso", como expresión de lo que, desde un punto de vista cristiano, es seguramente la descripción más profunda de Dios: "Dios es amor" (I Jn 4,8-16)».
Según el Symboli Apostolici y Symbolum Nicaeno-Constantinopolitanum, el Señor «nació... en María Virgen» o fue «engendrado», «encarnado», «hecho hombre» en ella, por obra del Espíritu Santo, claro está, pero la Iglesia católica movió el agua hacia su molino de culto mariano cuando añadió al Credo términos nuevos como el de ser «concebido» —muy diferente al de encarnarse— y «gracia» (don de Dios), hizo «Santa» a la Virgen y eliminó la referencia a la humanidad de Jesús para connotar indirectamente su divinidad.
Tanto en el Symboli Apostolici como en el símbolo de Nicea/Constantinopla no se dijo más que Jesús fue «crucificado bajo Poncio Pilato y sepultado», resucitando «al tercer día [según las Escrituras]», pero la Iglesia católica posterior, consciente de las muchas contradicciones de las Escrituras en este episodio —como ya demostramos sobradamente en el capítulo-5—, quiso reforzar su presunción dogmática añadiendo las palabras «padeció» (para magnificar con la crueldad del dolor su sacrificio), «poder» (para magnificar la injusticia y la responsabilidad deicida de romanos y judíos asociados) y «muerto» (colocándola entre crucificado y sepultado, ¿para dar fe de su muerte real ante los escépticos?); sacándose de la manga un «descendió a los infiernos» que no se fundamenta absolutamente en nada, ni en las Escrituras ni en ningún Credo primitivo; y haciéndole resucitar «de entre los muertos», que era un matiz ausente del documento conciliar original.
Acerca del descenso a los infiernos de Jesús, el teólogo católico Hans Küng comenta que «la falta de una base bíblica clara es, sin duda alguna, la razón principal de la ambigüedad, que persiste hasta hoy, de este artículo de la fe. En núes-tros días esto se ha vuelto a ver claramente en el hecho de que las Iglesias católica y evangélica de Alemania, de manera oficial y sin dar mayor importancia a la cosa, han cambiado to-talmente la traducción del descendit ad inferos en la nueva versión ecuménica del credo. Antes se decía "descendió a los infiernos", y ahora, "descendió al reino de la muerte". ¿Una traducción mejor, y nada más? No, en absoluto. Antes bien, un oscurecimiento tácito del sentido. Pues mediante esta reinterpretación el artículo adquiere un doble sentido que, por otra parte, ya iba unido desde la Edad Media a esta fórmula de fe».
La afirmación del Symbolum Nicaeno-Constantinopolitanum —inspirada por el espíritu divino— acerca de que después del juicio final de Jesucristo llegará un tiempo «cuyo reino no tendrá fin», dejó de ser aceptada por la propia Iglesia católica —a pesar de ser una declaración que figura en el Nuevo Testamento—, con lo que nos privó para siempre de tan prometedora circunstancia.
De la misma manera —debido quizás a un inadvertido arranque de sinceridad— la Iglesia suprimió también del Credo niceno-constantinopolitano el adjetivo de «apostólica» y se quedó en «Santa Iglesia católica» cosa razonable ya que ésta no sigue a los apóstoles de Jesús y sus escritos sino a sí misma, eso es a la propia doctrina que han construido con el paso del tiempo los doctores católicos; por eso añade la exigencia de creer en la «comunión de los Santos», qué son sabios varones que han hecho decir a las Escrituras todo aquello que jamás constó en ellas.
En el Symbolum Nicaeno-Constantinopolitanum se dijo «Confesamos un bautismo para la remisión de los pecados», es decir, que sólo el bautismo es la vía para lograr el perdón, que es el sentido que se desprende con claridad del Nuevo Testamento, pero la Iglesia católica posterior, que impuso el sacramento —falaz, por no evangélico— de la confesión/penitencia como único camino para lograr el perdón divino, actuó de forma taimada al convertir la fórmula original en la obligación de creer en «el perdón de los pecados», que es tanto como garantizar la eficacia y necesidad de la penitencia católica (que no cristiana). Con un sencillo juego de palabras se pasó de la defensa de la función básica del sacramento evangélico fundamental, el bautismo, a la obligación de acatar un pseudosacramento malicioso y de configuración muy tardía.
Por último, lo que en el Symboli Apostolici fue resurrección de «la carne» a secas, sin promesa de «vida eterna», pasó a convertirse en resurrección de «los muertos» —que en el contexto cultural de esos días significaba algo muy distinto—, y la creencia que el Espíritu Santo inspiró en el Symbolum Nicaeno-Constantinopolitanum a propósito de estar abiertos a «la vida del mundo futuro», circunstancia que debía darse con el advenimiento del «reino de Dios» en la tierra —un futuro esperado como «inmediato» tanto por Jesús como por el cristianismo primitivo—, fue drásticamente modificada por la Iglesia católica, debido a su evidente falta de cumplimiento hasta el día de hoy, y convertida en esperanza de una «vida eterna», que no compromete plazo de cumplimiento, hace referencia a una resurrección mucho más etérea y anima a enfrentar la muerte con idéntico optimismo.
En resumen, que según lo que sabemos del pensamiento y de las obras de Jesús de Nazaret a través de los Evangelios, lo más destacable del Credo católico es que el propio Jesús no suscribiría más que el primer párrafo y rechazaría por apócrifo el resto; cosa normal, por otra parte, si tenemos en cuenta que el mesías judío nunca fue, ni quiso ser, católico.





sábado, 23 de julio de 2011

INDECISION (mejor hubiera seguido eléctrica)

La madre que lo reparió...desde hace unos meses me enfrento a una decision importante en mi Puta vida que tiene que ver con mi futuro y mi carrera en la "distinguida universidad en la que estudio" y es que estoy ya en el punto sin retorno de mis estudios y es cuando debo decidir si seguir o cambiarme a otra, pero voy aser más claro:

Cuando empecé mis estudios en esta universidad nunca tuve orientacion de que pinche carrera seguir, nunca en mi vida he dado un test de aptitud y ningun puto profesor se acero a conversar acerca de las posibilidades de las ingenieras en el país, así que pues chucha me toco usar mi sentido comun, escogi la carrera que "dizque" era la mas cagada y mas fregada pensando que si era tan dificil no habria competencia y seguramente pocos se graduarian y asi el mercado laboral seria mas amplio y mejor pagado: SHUNSHOOOOO . Ahora que ya estoy mas alla del medio camino me di cuenta de la dura realidad  mi carrera tiene una buena prspeccion para estar listos en una revolucion industrial en el pais, una que no ha de venir en años ya que en este pais donde todavia gustan de moler caña con trapiches movidos por mulas y vender esas puntas para que se muera la gente que van a querer un ingeniero en automatizacion, además tanto norio en esa carrera hace que haya bastante graduado añadiendo que esas otras universidades de medio pelo donde pagas tu luca y pico por estudiar te estan dando el mismo titulo por menos esfuerzo hacieno que el mercado se sature terriblemente y poniendome a pensar seriamente si en el futuro voy a camellar o solo seguire escribiendo huevadas....

Por  otro lado, la carrera "el patito feo" o sea Ingenieria Electrica en la U solia verse como la mas fresca y como una ultima opcion, ¿Qué produjo eso? que en esa carrera hayan muy pocos estudiantes, muy pocos graduados y el puto país que empieza a desarrollar megaproyectos eléctricos necesita de muchos de estos ingenieros y dado el caso de que estos son escasos estan disfrutando de ese sentimiento de ser la unica pelada en el baile, la demanda es altisima y la oferta poca que estan todos bien ubicados en el mundo laboral asi que me estoy comiendo mierda por no haber cogido esta carrera, ojo una observacion: la idea de que esa carrera es facil es pura apariencia, tiene materias muy fuertes de aprobar...

Y aquí el dilema:

Yo pensaba que podia seguir ambas carreras simultaneamente pero la pinche institucion no me lo permite, así que ahora debo decidir si cambiarme de mi carrera a Eléctrica o continuar y en tres semestrea terminarla, además la mierda de problema es que mi carrera si me gusta, así que ahora debo elegir como los nobles de antaño: Casarme por amor o por conveniencia!!!
Por un lado esta mi carrera que quizá no me de comer o cambiarme a Eléctrica y ganar mucho dinero....
Que hacer, ayuda!!!!

Más claro yo quiero ser cowboy:



LOS ESCUPIO: JUAN

viernes, 22 de julio de 2011

VIERNES CUCHILLERO: BELLA JULIETA

BELLA JULIETA: 037-LEO JIMENEZ



Nómbrame esta vez.. susurrándome
Bésame otra vez.. ¡embrujándote!
Cierra los ojos sin querer.. acaríciame
Reconociéndonos la piel.. ¡al amanecer!

Me roba su corazón
Jurándome eterno amor
Se va entre mis manos su calor
Los labios que condene
Princesa que siempre ame
Cruzare al otro lado en donde estés

Llora sin saber
Nos toco perder
Bésame otra vez... embrujándome
En mi memoria veo el ayer
Donde te encontré
Entre mis brazos te arrope.. ¡No te dejare!

Me roba su corazón
Jurándome eterno amor
Se va entre mis manos su calor
Los labios que condene
Princesa que siempre ame
Cruzare al otro lado en donde estés

Y el silencio una vez mas..
No te vayas, quédate
Siento frio, oscuridad
Tu sonrisa hará
Que vuelva a despertar una vez mas miedos!

Yo.. te esperare
Nooo.. te dejare
Cuando abras los ojos
Te prometo que estaré

Me roba su corazón
Jurándome eterno amor
Se va entre mis manos su calor
Los labios que condene
Princesa que siempre ame
Cruzare al otro lado espérame

Me roba su corazón
Jurándome eterno amor
Se va entre mis manos su calor
Los labios que condene
Princesa que siempre ame
Cruzare al otro lado en donde estés

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